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Ni toda el agua del mundo

<<Ni toda el agua del mundo es capaz de ahogarte si no la dejas entrar en tu interior>>.
Eleanor Roosevelt


Venga, hoy vamos a hacer algo un poco diferente (aunque tengo la impresión de que cada semana pruebo algo nuevo). Antes que nada, quiero que enciendas los altavoces del ordenador y pongas el siguiente vídeo:



Puedes ponerlo de fondo y mientras tanto seguir leyendo está entrada o bien, lo que yo te aconsejo es que le eches una ojeada, te dejes embargar por su danza de colores, por su pura kinestesia y su magia y luego vuelvas sobre mis letras y entonces, en esa segunda ocasión, lo pongas de fondo. En realidad, casi cualquiera de los vídeos de Lindsey Stirling puede valer para este propósito porque tiende a componer una música muy positiva y llena de energía. A este respecto, te aconsejo que dejes que youtube te siga recomendando sus vídeos si con uno solo no te da tiempo a leer toda esta entrada (por cierto, que el vídeo que aparece a continuación, The Arena está bastante relacionado con el contenido de este artículo).

Sé que cualquier otra música que tienda a los modos mayores en lugar de a los menores puede tener este efecto, y no es por despreciar la belleza delicada y oscura de los modos menores, soy el primero que disfruta del frigio, del eólico o su variación en armónico; pero para lo que hoy os tengo que decir quiero luz y alegría y eso implica modos mayores*


Encontrando belleza

La belleza está en los ojos del que mira

Ahora, quiero que levantéis un momento la vista de la pantalla y miréis a vuestro alrededor. Haced el esfuerzo consciente de encontrar belleza, colocadla vosotros mismos en los objetos que os rodean: en la pared, con su aspecto poroso, en el teclado con algunas letras desgastadas, en vuestras manos mientras reposan en él con las venas ligeramente hinchadas, en las hojas de papel sobre la mesa... ¿Tenéis una ventana? Mirad por ella: a los árboles meciéndose suavemente al compás del viento, a los coches y la gente que pasa. Tal vez estéis en la calle, leyendo esta entrada desde vuestro teléfono móvil. Sentid entonces la caricia del viento en el rostro, el murmullo de la gente pasando... ¿Hay alguien con vosotros, a vuestro lado? Contemplad (con disimulo, por favor) su respiración serena, o agitada, la suave pulsación de su cuello o de su frente... Intentad por un instante poneros en su puesto, adivinar qué piensa, qué anhelos tiene, cómo sería más feliz esa persona. Intentad ahora miraros a vosotros mismos desde la posición de la otra persona y haceros las mismas preguntas con respecto a vosotros mismos: cuáles son los pensamientos que durante más tiempo ocupan vuestra mente, cuáles son vuestros anhelos, vuestras esperanzas y sueños, qué necesitaríais para ser más felices de lo que sois ahora mismo...

Seguid mirando, pero ahora hacia vuestro interior, cerrad los ojos y volvedlos hacia vuestros recuerdos y experiencias. Centraros en alguno que os sea especialmente grato, en la risa de un bebé, en el sabor de un beso, en el tacto de una caricia, en una ocasión en que alguien a quien apreciabais os reconoció el valor. Intentad recuperar esas experiencias en toda su magnitud, lo que sentisteis al vivirlas, el extraño efecto de aprehenderlas a la vez que se os van disolviendo entre las manos, sabiendo que son eternas, que quedaran fijadas en vuestra memoria por siempre aun cuando en el tiempo del reloj hayan durado apenas un instante. 

Quedaros en ese lugar todo el tiempo que deseéis, es vuestro y nadie ni nada os lo puede quitar. Repito, nadie, ni siquiera el hombre más poderoso, ni nada, ni toda el agua del mundo, ni las estrellas del cielo os lo pueden quitar. Concederos tiempo para recrearos en estos pensamientos, respirad profundamente y dejaros ir, no es necesario que sigáis leyendo. Si he conseguido por un instante que os sintáis a gusto con esta idea, el objetivo de esta entrada ya está de sobras conseguido. 

Igualmente, os espero aquí por si os apetece finalizar de leer este artículo.


El hombre en busca de sentido


¿Ya? ¿Seguimos adelante? Pues bien, la idea de que la belleza no está en el objeto, sino en los ojos del que mira es un lugar tan común que acaba por no hacérsele caso, se la considera una frase bonita y nada más y, de este modo, se la priva de su poder intelectual. Viktor Frankl en "El hombre en busca de sentido" relata como se forzaba a sí mismo a buscar la belleza en la cabeza de un pescado flotando en el plato de agua sucia que le daban para comer en Auschwitz. Para él hubiera sido mucho más fácil dejarse llevar por la desesperación y por el sentimiento de la injusticia infinita que se estaba cometiendo con él y con todos los suyos. Sin embargo, ese sentimiento no le hubiera permitido sobrevivir en una situación como aquélla, en la que la escapatoria era imposible, lo único que le quedaba pues era utilizar esa capacidad de buscar la belleza en lo más insospechado e intentar dotar de sentido toda aquella experiencia del horror. 

Frankl sobrevivió a los campos de concentración porque, en sus propias palabras, supo encontrarle el sentido a su vivencia en la necesidad de contar todo aquello una vez hubiera acabado. Mientras se encontraba encerrado y obligado a trabajos forzados en diversos campos de concentración, Frankl no buscó una experiencia de su pasado que le permitiera superar su situación presente, aunque de seguro éstas también le ayudaron, sino que se centró en una experiencia de su futuro, algo que todavía no había ocurrido pero que él había recreado con todo detalle en su mente: una imagen de él frente a un auditorio en una universidad, explicando todo lo ocurrido en aquellos lugares demoníacos. 

La experiencia de Frankl es una de las más extremadamente horribles que puede vivir un ser humano, sin embargo, lo que sale de ella, el libro "El hombre en busca de sentido" es una de las obras más maravillosas que jamás haya concebido nadie. Y todo por esa capacidad asombrosa que tenemos los seres humanos de ser capaces de proyectar belleza en aquello que vemos aunque todo el mundo "real" esté en nuestra contra.

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Notas:


* Para una introducción rápida, clara y divertida a la diferencia entre modos mayores y menores, echadle una ojeada al siguiente vídeo de Stevie T:  Major Songs in minor
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