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Haz menos

Y no, no "Haz menos para conseguir más", éste no es un post para explicar eficiencia y efectividad, sino simplemente "Haz menos". Vale, ya sé que puede parecer raro que diga esto desde un blog que tiene como uno de sus pilares los artículos sobre productividad; pero dejad que me explique. Vivimos en un mundo obsesionado por el más: hacer más, tener más o ser más que otros. Lo que no solemos tener en cuenta es que en ese afán por el más, solemos hacer de menos aquello que es lo verdaderamente importante: la vida en sí, su disfrute junto a los que queremos y las aportaciones al bienestar general de la sociedad.

El peso del trabajo, Sísifo.


A veces nos sumergimos en un océano de actividades infinitas, precisamente porque no sabemos diferenciar las verdaderamente significativas de las que no lo son y pretendemos hacer todas las que están a nuestro alcance, por miedo a dejarnos alguna de las verdaderamente importantes por hacer. 

Otro motivo que nos hace hundirnos en una maraña frenética de actividades es la creencia de que cantidad es igual a calidad. La cantidad es muy fácil de medir mientras que la calidad parece responder a un criterio subjetivo difícil de categorizar, razón por la cual acabamos invirtiendo los términos y utilizando cantidad como sustituto de calidad. 

- ¿Me quieres, cariño?
- Sí.
- ¿Cuánto?
- Pues exactamente 8,5438.

Actividades: menos sin sentido y más significativas.

No obstante, existe un modo de averiguar qué tan importante es de verdad en la escala de lo significativo una determinada tarea. No es una perspectiva muy alegre, ya os lo advierto, pero creo que es una herramienta utilísima. Se trata de imaginarnos en el lecho de muerte, dando un repaso general a todos los días de nuestra vida. Cada vez que vayas a postergar una actividad en favor de otra, una hora más en la oficina en lugar de en el parque con tu hijo, pregúntate: cuando esté a punto de morir, ¿qué es lo que anhelaré haber podido hacer más? 

Hay gente para todo, desde luego, pero si cuando estés a punto de morir tu último pensamiento es: "Lamento no haber pasado más horas en la oficina o en la fábrica..." es que tienes un problema, y gordo.

Y no, no estoy abogando por la vagancia ni por la improductividad. A lo mejor necesitas pasar esa hora de más en la oficina para poder mejorar la situación de tu hijo, y entonces esa hora se convierte en un medio para lograr esa mejora. Si es así, adelante, en ese caso simplemente estás postergando una actividad significativa para poderla emprender con más fuerza un poco más adelante. Pero hazme un favor, piensa en para cuándo lo postergas, no me vale el decir: "lo hago para que el día de mañana mis hijos puedan tener lo que yo no tuve". ¿Cuándo es ese día de mañana? ¿De aquí a veinte años? Si no estamos hablando de meses, de un año a lo sumo, te estás autoengañando, jamás va a llegar ese día de mañana, siempre vas a hacer esa hora de más en la oficina y de menos en tu propia vida. 

De aquí a veinte años tal vez estés muerto, tal vez lo estés en mucho menos tiempo, y lo que tu hijo recordará de ti no serán las horas que pasaste en el trabajo para proporcionarle un buen futuro, sino las horas que pasaste con él dándole un presente efectivamente mejor. 
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