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Sobre este blog

Este blog pretende ser un catalizador que te ayude a mejorar en tu día a día, ofreciéndote consejos, sugerencias e ideas que te sirvan para conseguir tus objetivos, optimizar tus fuerzas y alcanzar el equilibrio personal. Y todo esto simplemente haciéndote pensar un poco en cómo actúas habitualmente, en qué podrías hacer de manera diferente, en qué podrías hacer más y en qué deberías dejar de hacer definitivamente. Dicho de otro modo, el objetivo fundamental de este blog es ayudarte a ser feliz utilizando tu cabeza

Sócrates
Sócrates
Soy consciente de que la literatura de autoayuda está llena de autores que prometen logros similares: «Sea feliz, más rico (y más guapo) siguiendo estos prácticos principios que he descubierto; pero que no le puedo revelar ahora, sino sólo cuando se haya enrolado en el curso de 1000 € que le vendo». Así que para despejar rápidamente cualquier suspicacia te voy a decir ahora mismo los principios, de manera gratuita, sin cursos caros ni libros interminables en los que su revelación se vaya postergando. Todos mis principios de desarrollo personal se reducen a uno solo, seguro y evidente por sí mismo. Si quieres obtener de la vida todo lo que ésta te puede ofrecer, si quieres marcar una diferencia positiva en los demás, si quieres alcanzar el bienestar físico y moral:

Usa tu cabeza

¿Ya está? «Usa tu cabeza». ¿Sólo eso? Pues sí, eso sí, úsala para algo más que para echar puertas abajo como si fuera un ariete o para lucir bonitos sombreros. Usa tu cabeza, usa tu razón, usa tu inteligencia, simplemente eso, nada más y nada menos. Nada más, porque estoy convencido de que todos los problemas de desarrollo personal se acaban refiriendo de un modo u otro a un uso deficiente de la razón; pero también, nada menos, porque usar la razón, enfrentándonos al hábito, la costumbre, las opiniones preconcebidas y la inconciencia es poco menos que una tarea heroica. Las dificultades se agravan porque todo el mundo suele considerarse a sí mismo maestro en el uso de la razón. Esto tiene razones tanto psicológicas, nos identificamos tan plenamente con nuestra capacidad de razonar que la consideramos nuestra propia identidad; como lógicas, pues sólo desde nuestra propia razón podemos emitir juicios acerca de cualesquiera otras cosas, de modo que nos parece imposible ponerla a ella misma en tela de juicio.

Con todo existen multitud de herramientas para escapar de las trampas psicológica y lógica. La filosofía lleva milenios enseñándonos a pensar, demostrándonos cómo ciertos modos habituales de razonar en realidad son erróneos y nos hacen caer en falacias. Cometer esos errores, enseña, no quiere decir que haya nada intrínsecamente “estropeado” en nuestra capacidad de razonar y, por tanto, en nuestra identidad, sino simplemente que nos falta un poco de entrenamiento en su uso.

La tendencia habitual, sin embargo, es la de creer que la inteligencia es una suerte de talento que se tiene en un grado que viene determinado por los genes y que es, así pues, inalterable. Esta tendencia viene alimentada por el intento de cosificación al que la psicología lleva intentando someterla desde principios del s. XX con los famosos tests de inteligencia y sus consecuentes cocientes intelectuales. A pesar de que hoy en día cada vez se consideren más incongruentes (o dicho de otro modo: menos inteligentes) los intentos por reducir las múltiples dimensiones de la inteligencia humana a un solo factor mensurable, es cierto que una parte importante de las ciencias de la conducta sigue descansando sobre el apoyo de esta concepción reificadora de la razón humana. Lo peor de todo es que este concepto de inteligencia como habilidad inmóvil que no se puede mejorar ni empeorar pasa a formar parte del acervo popular y se convierte en la excusa perfecta para mantener el Status Quo, tanto de los muy inteligentes como, sobre todo, de los no tan inteligentes que no ven necesidad alguna de esforzarse por intentar mejorar algo que se han encargado de repetirles que no puede ser mejorado por la experiencia o el uso. 

Obviamente este blog se posiciona precisamente en el lado opuesto de esta creencia. Partamos del punto del que partamos, ya se sea un completo analfabeto o un premio nobel, la inteligencia siempre se puede mejorar dado un entrenamiento adecuado, del mismo modo que podemos mejorar nuestra habilidad para bailar, montar en bicicleta, jugar al ajedrez o saltar a la pata coja. La práctica y el ejercicio constante de una habilidad ayudan a desarrollarla, exactamente igual que su abandono y su inactividad contribuyen a su atrofiamiento. 

Este blog tiene el objetivo, pues, de proporcionarte ideas y sugerencias que te ayuden a un ejercicio constante de tu razón. Coge lo que te guste, ponlo en práctica, acepta aquello con lo que estés de acuerdo y rechaza aquello que no te convenza y critícalo. Deja que tu mente trabaje sobre los materiales que yo te ofrezco, es precisamente en esa actividad donde desarrollarás las fuerzas para mejorar tu productividad, tu equilibrio y tu bienestar. Si mi blog sirve de catalizador para eso, para poner tu cabeza a hervir de pensamientos, me sentiré enormemente feliz.

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Un poco más al respecto en esta entrada sobre "Tu tiempo y el mío".
Con la tecnología de Blogger.